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“Hilos blancos, negros o de colores, zigzagueantes, expresivos y vibrantes.

Algunos finos, suaves y translúcidos, otros opacos.

Se descosen, se alejan, se acercan, se cruzan, se enredan, se ovillan, se unen para ir y venir dejando su propio rastro”.[1]

Botiquín Natural y Fitocosmética con el grupo de alumnos/as de la Escuela Especial 19

Preparándonos para el invierno, su solsticio y sus fríos, nos dimos cita en las cocinas del Puesto Chañar.

 

Apelamos al tomillo, el eucalipto blanco y la menta, prendimos la hornalla y arrancamos nuestra pomada calorífica para el pecho y los huesos.

 

Reunid@s alrededor de un té dulce, inauguramos las Jornadas de Botiquín Natural, que derivó “a pedido del grupo”, en fitocosmética.

 

En los encuentros de viernes cada quien aporta lo que quiere. Desde saberes, hasta alimentos. En el medio se cuelan chistes, deseos, confesiones, abrazos.

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Vamos tratando de conectar de manera real los aprendizajes áulicos que el grupo trae, con el mundo que circunda en las huertas, las cocinas y las aulas-taller.  Vamos descifrando preguntas y problemas capaces de darle sentido a cada actividad que se desarrolla en las Unidades Didáctico Productivas del Puesto Chañar junto al grupo de la Escuela Especial Nº 19.

 

En el primer encuentro, Silvia Condemi nos compartió todos sus conocimientos sobre plantas y preparados fitocosméticos. Tres plantas, tres frascos, tres duplas para cada maceración: plantas, aceite y fuego. El calor permite que los principios activos de las plantas sean  transferidos al aceite.

 

En paralelo amasamos un talco, tres ingredientes nuevamente:  fécula de maíz, bicarbonato y caolín. Le sumamos menta, lavanda y aceite esencial para perfumar.

Hablamos de nuestros pies, la necesidad de abrigarlos, la humedad que generan y los hongos que aparecen.

 

Entusiasmadas con los avances, conversamos sobre lo que nos gustaría preparar en los siguientes encuentros. Llegó el transporte y el grupo volvió a la escuela.

 

En el segundo viernes retomamos los macerados, le sumamos cera de abejas para endurecerlos hasta alcanzar la textura de ungüento. Luego los envasamos en frascos pequeños y probamos nuestros primeros productos de atención primaria de nuestra salud.

Ya inmersos/as en la curiosidad de poder elaborar productos de cuidado personal con elementos naturales, a partir de pequeñas investigaciones llegamos a preparar Agua de rosas y fijador capilar.

 

Nuevamente en tres duplas y con tres ingredientes: capullos de rosas, agua destilada y vodka logramos, después de algunos días de maceración, el aromatizante en base a rosas. El gel para el pelo fue un pedido de Pedro al cual sus compañeras adhirieron rápidamente.

 

Las redes y la sincronización nos acercaron una receta de gel con semillas de membrillo divulgada por Sara Itkins. Luego supimos que algunos abuelos peinaron su juveniles cabellos con semillas de membrillos hidratadas y perfumadas

 

Pasaron algunos viernes hasta que volvimos a encontrarnos para evaluar y cerrar la actividad de fitopreparados. Ese lapso nos permitió observar el proceso y el trabajo concreto. Vimos necesario reforzar la importancia de seguir los procedimientos de elaboración ordenada e higiénicamente, para evitar por ejemplo, los hongos en el agua de rosas. Charlar sobre la paciencia y el tiempo que debe transcurrir hasta poder utilizar los preparados. Compartir los usos y la aceptación, o no, que tuvo entre las familiar la pomada o el talco.

 

La complicidad, la lectura, la comensalidad, los números enteros, las letras mayúsculas, los libros y la biblioteca, no estaban en la planificación, pero aparecieron. Les dimos lugar y vivenciamos lo valioso de crear situaciones didácticas contextualizadas y de aprender de los errores. Hoy sabemos que es un desafío relacionar contenidos, enredarlos y desovillarlos a la manera en que lo hacen los “Hilos” del libro de María Martha Paz, nuestro cuento de cierre. También sabemos que al regreso de las vacaciones nos espera un agua florida radiante para perfumarnos y cuidarnos la piel y los ánimos.

 

 

Por: Lic. Gisella Hugo

[1] Paz, Maria Martha (2020): Hilos. La punta del ovillo, San Martín de los Andes.