Soberanía Alimentaria

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Camino y Horizonte:

Educación, autonomía y Soberanía Alimentaria

“”La reflexión crítica sobre la práctica se torna una exigencia de la relación Teoria/Práctica sin la cual la teoría puede convertirse en palabrería y la práctica en activismo”[1]

Freire, P.

A fines del año pasado empezamos a rumiar el deseo de viajar con el grupo de huerta. Viajar todas a algún lugar. Las huerteras que se volvieron estudiantes junto con el Puesto Chañar como institución educativa, y las que fueron ingresando en el último tiempo. Todas.

Preguntamos despacio, como quien tira el deseo al cielo: ¿Podrás organizarte en tu familia? ¿te parece que podría encargarse otra persona de la parcela? ¿Y si lo vamos pagando en cuotas? ¿Y qué lugar podría ser?

El objetivo es fortalecer un eje educativo que venimos trabajando: la Autonomía.

Autonomía no en términos del ideario neoliberal que busca apropiarla en función de mayor individualismo y competitividad, si no como contrapunto y búsqueda de lazos solidarios[2] y comprensivos, hacia nosotras mismas y hacia el colectivo.

 

Autonomía que vimos materializarse cuando las soluciones al excedente de verduras provenía de las mismas estudiantes, cuando gestionaron sus turnos para el horno deshidratador y armaron una sopa lista para cocinar, cuando además de dar el precio del producto explicaron el valor y a cuantos kilos de verduras equivalía esa sopa, cuando se organizaron entre ellas para que los cocineros de Manduca tuvieran verduras frescas, eso como ejemplo de los logros.

En nuestro caso un viaje recreativo simboliza mucho más que conocer un lugar. Planificar para la formación humana además de profesional agropecuaria pone sobre la mesa la dimensión humana de nuestras prácticas, disciplinas y relaciones de géneros.

En ese confluir de temáticas la Soberanía Alimentaria se vuelve el camino y el horizonte. Recuperar el rol de las mujeres en la agricultura, fortalecer la capacidad de tomar decisiones, la posibilidad de generar recursos y cubrir necesidades, confiar en los conocimientos técnicos aprendidos en el seno familiar y darle lugar al ocio como un derecho son parte de la construcción educativa y social, pero también de desarmar prejuicios presentes: que el tiempo no trabajado es tiempo malgastado; que el uso de yuyos para la salud es reliquia o que macerar plantas para cuidar los cultivos es atraso[3].

La propuesta pedagógica del área social del CFPA 2 intenta ir más allá del año lectivo y del ciclo productivo al incluir en la curricula la reproducción de la vida en su nivel micro; alimentar las familias con producción propia y agroecológica; y en su nivel macro: discutir las relaciones de poder, abrir el diálogo entre el saber popular[4] y el saber técnico, poder vivenciar vínculos sanos, confiados y comunitarios.

 

Claro que no es sencillo. Interpela hacia adentro y fuera de la escuela. Poner en acción la Soberanía Alimentaria ocupando el lugar de institución educativa nos lleva a conocer la práctica social de los y las huerteras, el desarrollo histórico del conocimiento que han adquirido, para desde allí, elaborar conceptualizaciones que permitan volver a la práctica transformándola, ratificando o rectificando el conocimiento y validándolo en esa realidad concreta. En esto también se asume que, si bien el conocimiento científico aportado por el equipo técnico surge de la práctica social, no es posible integrarlo a la realidad de nuestros estudiantes, sin investigar sobre las particularidades de la población. Cada parte de la realidad es única e irrepetible, compleja, en un movimiento permanente, y esto hace imposible “aplicar” conceptos teóricos como recetas. Más bien para investigar esa práctica, nos valemos del bagaje teórico y el conocimiento socialmente adquirido.

Edificar la Soberania Alimentaria, con las particularidades propias de una localidad perirural, con trabajadoras rurales, muchas de ellas provenientes de familias agricultoras  o crianceras nos motiva a profundizar en esas identidades, en los procesos históricos sociales desde los que emergen, sus formas de aprender, sus representaciones sociales y sus prácticas productivas. 

La docencia es la práctica social, orientada a la promoción de una educación soberana, en términos alimentarios, sanitarios, ambientales, y comunales. En definitiva es develar, descubrir, para transformar la realidad.

Por: Lic. Gisella Hugo, integrante del Equipo a cargo de la UDP Huertas Familiares y Viveros

[1]     Freire, Paulo (2004): Pedagogía de la Autonomía: saberes necesarios para la práctica educativa. Ed. Paz y Terra, Sao Paulo, p. 11.

[2]     Castro de Oliveira, Edina(2004), Prefacio en; Freire, P. (2004): “Pedagogía de la Autonomía”, Op. cit.

[3]     Véase también, “En las manos de las mujeres: entrevista a Rosalía Pellegrini”, disponible en http://www.biodiversidadla.org/Agencia-de-Noticias-Biodiversidadla/En-las-manos-de-las-mujeres

[4]          Cuando hablamos del conocimiento popular de las huerteras, estamos hablando del bagaje desde el que cada sujeto aborda e interpreta su práctica productiva y su práctica social.

Alerce y Gasparri, San Patricio del Chañar, Neuquén, Argentina. CONTACTO SÓLO POR WHATSAPP AL 0299 155716802 . E-mail: cfpa2chanar@gmail.com

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